Abrazar con el alma

Cuando tengo oportunidad, digo que tengo tres abuelas. Una de ellas es mi tía Josefina, hermana de mi abuela, la amo con el alma, la siento mía, una abuela más. Ella era un amor de señora, es que no he sentido tanto amor de alguien como de ella. Cuando me contaba sus secretitos y me decía jefa, me hacía sentir la más grande de todas. El día que nos despedimos por última vez, un día normal, no común, pero normal, me abrazó tan fuerte que lo experimenté, sentí ese abrazo como el último, sentí tanta nostalgia y ganas de llorar. Mientras me abrazaba me dijo “Mija, la quiero tanto” y lloró, le pregunté por qué lloraba, solo me dijo que me quería muchísimo, lloramos abrazadas y a los días trascendió.


Fue una noticia muy fuerte, fue la primera persona que me dolió en el alma su trascender, pero mi corazón se sentía tranquilo, siempre la abracé con tanto amor y agradecimiento, los abrazos reconfortan.


Y es que en un abrazo puedes sentir la energía del alma, lo que sientes en ese momento, los abrazos no mienten igual que las miradas, es lo más transparente que existe y muestra el afecto o el amor realmente como es, sin tapujos, son sinceros y reales. Un abrazo perdona el paso del tiempo, cuando la distancia se ha interpuesto por años y derrota al orgullo, un abrazo te puede dar paz o te puede dar tormento, todo depende del lugar en el que la vida nos ponga.

Hay abrazos que te llenan el alma, en los que no dices nada, pero se siente todo, que trascienden todas las barreras, que no quieres que terminen pues sabes que efectivamente es el final, que te ayudan a perdonar, que todo lo borra y solo dices gracias porque no hay otra manera de agradecer, es como un homenaje, cuando las palabras no llenan todo lo que hay que decir, un abrazo lo dice todo. Y hay abrazos que son el principio, pues sabes que volverás a empezar, pero sin esa persona y dan el inicio al duelo, es lo único que te permite decir lo que no quieres escuchar, abrazos que marcan el comienzo y el final.


Con mi abuela paterna también tuve la fortuna de abrazarnos por última vez, y entre el abrazo y la mirada decir gracias. No con todos mis familiares amados he podido despedirme, por ejemplo, con mi abuela materna recuerdo que un día antes de su trascender pude haberle dado el último abrazo, pero por la prisa de llegar puntual al trabajo solo le grité adiós, mañana paso, obviamente el mañana llegó, pero sin mi abuela. Esta experiencia me sirvió para estar decidida a no volver a pasar por lo mismo, siempre hay un segundo para abrazar, saludar, decir hola o desear un buen día, o simplemente decir gracias, acciones tan simples que dicen mucho como dejar el celular y poner atención en la charla, mirar a los ojos, sonreír, acciones simples que nos pueden ayudar bastante en estos tiempos de pandemia, en los que nos recomiendan no abrazar.


Así que cuando todo esto pase, y si seguimos aquí, a los que no he podido abrazar por la distancia, los abrazaré tan fuerte, con toda el alma.



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