Acunando la ausencia.

Recuerdo esos días, a veces parecen tan lejanos, otras tantas como si fuer ayer. Dicen que a la mente no conoce de tiempos y el evocar un recuerdo puede traer una punzada de dolor tan potente que jurarías que estás sintiendo lo mismo que en ese momento exacto, la diferencia entre ese momento y cuando estas en un inicio del duelo es que todos los días son así, desgarradores, imposibles de soportar, y cuando ya hay años de por medio ese dolor solo regresa en momentos puntuales: aniversarios, hitos, momentos claves en la vida de una persona que tu no tuviste la oportunidad de vivir con ese hijo que se fue.


La Fernanda de esos días emanaba dolor por cada poro del cuerpo, lo irradiaba pero lo cubría con una sonrisa, se saturaba de actividades, se llenaba físicamente de eventos y cosas que hacer para tratar de llenar ese vacío que después se daría cuenta nunca podría ser llenado con nada ni con nadie. A veces en mi mente abrazo a esa Fernanda y me detengo a secarle las lágrimas.


El mundo no se de tiene, los de afuera te exigen que seas fuerte por tus hijos vivos, por tu pareja, por que la vida así es y es más, hasta una se cree eso y se exige el doble o el triple siendo que no estamos bien, que llevamos una herida sangrante en el corazón.


Así como la herida física o enfermedad exige de uno ser curada o tratada demandando un tratamiento y cuidados así también las heridas emocionales lo exigen, nos exigen vivir nuestros proceso, respetarlos, tratarlos y eso requiere darnos amor y tenernos paciencia, de auto cuidado.


Un acto de auto cuidado no es solo comer sano, hacer yoga, tomar vitaminas, meditar o salir a caminar al aire libre, el auto cuidado también se ve como no exponernos a situaciones que nos generen estrés( ir a fiestas, baby showers, bautizos y demás compromisos), no forzarnos a hacer las cosas (donar o regalar las cosas de nuestro bebé, ir o no ir al panteón si no tenemos ganas de ello), respetar nuestros proceso, no caer en excesos tratando de huirle al dolor de llenar ese hueco enorme, la ausencia de nuestro hijo.


Siempre pensé que tenía que estar llena para ser feliz, la muerte de ellos me enseñó que siempre estará esa ausencia en nosotros pero debemos aprender a no huirle, abrazarla y hasta quererla.


Se puede vivir con un hueco, con cicatrices profundas y aún así estar completa, plena y llena de amor.


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@fernandaolguinescriotra_duelo


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