“Arriba corazones”. Angélica.

Aprendí muchas cosas de ella: el gusto por poner una mesa bonita para sentarse a comer; el siempre tener postre; el escuchar melodías clásicas e instrumentales. Aprecié la elegancia que tenía para vestir, para moverse, para conversar, para caminar y para bailar con su amado esposo. Guisaba delicioso y yo no recuerdo haber visto que su cocina estuviera desordenada o sucia. Siempre nos invitaba a observar la carretera, a ver la belleza de la artesanía mexicana, a escuchar el canto de los pájaros.


También era dura y su palabra era ley. Había que comportarse correctamente en la mesa y tomar los cubiertos sin hacer ruido. Expresaba su opinión con autoridad, aunque no la imponía, pero si la tía Angélica lo decía...


Mujer de libre pensamiento que no esperaba que le dictaran lo que ella debía creer o valorar. Ella elegía, ella decidía con libertad. Leía mucho y escuchaba la música con atención, si una canción tenía una frase que considerara vulgar, podía tirar el casete o el cd a la basura sin ningún remordimiento. Al tiempo era muy generosa, le gustaba ayudar a quienes más lo necesitaran; también fue administrada y ordenada, todo tenía su lugar. Sus regalitos tenían siempre un detalle: el moño y su letra bonita en manuscrita.


Destacaba su gran capacidad creativa y de organización. Lograba hacer una fiesta hermosa solo reuniéndonos dos familias: la suya y la nuestra. Y aunque repito que guisaba exquisito, cuando iba a nuestra casa, prefería comer los guisos que preparaban mis padres, pienso que la hacían sentirse consentida. Además, el buen diente formaba parte de su personalidad, su paladar recibía todos los sabores que le presentaran.


“Arriba corazones” en la dicha y en la pena. Fue una frase dentro de su lenguaje común y cercano. Así que cuando alguien comparte conmigo una experiencia de vida en la cual hay dificultad, dolor, incertidumbre, pena o sufrimiento; o también cuando hay alegría, esperanza, calma, bondad; viene a mi pensamiento esa frase que yo escuché de ella en la ordinaria convivencia: ARRIBA CORAZONES. Con esas dos palabras nos animaba, nos invitaba a ver que todo iba bien o que iría mejor, que podíamos mirar hacia arriba y encontrar esa presencia Divina que nos acompaña siempre; significa que hay esperanza. Y era tan de ella esa frase que bien la podía expresar cuando había necesidad de consuelo o cuando era el festejo de cumpleaños o el inicio de un viaje.


Hace 9 años que se fue, el cáncer se la llevó y en las últimas veces que la visité ella apretó mi mano y me dijo “nos volveremos a ver”. Hasta en su muerte decidió cómo despedirse del mundo. Eligió estar sólo con los suyos, con su núcleo: mi tío, sus hijos y mi madre. Nadie más, ni sus nietos, ni sus amigas más íntimas, ni sus otros hermanos. Sólo ellos en el momento final. Para que todos los demás le dijéramos adiós a su cuerpo asistimos a una hermosa Eucaristía, pero no hubo funeral. Así lo quiso, así lo pidió y así se hizo.


Su frase, ARRIBA CORAZONES, hoy resuena en mí y te la presto si la necesitas.


Mi tía Angélica marcó mi vida e influyó positivamente en ella. En este mes de marzo la recuerdo en mis letras, para honrar su sabiduría, su presencia en el mundo y para agradecer su ser mujer.




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