Bienvenida esto es el duelo

Nueve años y el recuerdo sigue intacto. La lluvia de los últimos días y el olor a tierra mojada activa en mis células, en mi mente y en mi corazón el recuerdo de ese septiembre de 2012 cuando ellos nacieron pero no pudieron quedarse, de los días en que dejaron dolor y amor regados por todas partes en su breve y fugaz paso por este mundo.


Antes de empezarles a contar mi historia, soy Fernanda, mucho gusto, me presento. Soy escritora, esposa y madre de cinco, tres que tengo el privilegio de ver crecer (con todos sus matices y lo que implica la maternidad) y dos que llevo en el corazón y que están en el cielo o donde quiera que estén, pero eso sí, siempre muy cerca.


Mi vida reproductiva siempre fue muy atropellada, me embarazaba muy rápido gracias a Dios, a la vida o al universo, el problema era finalizar exitosamente esos embarazos. Mi primer hijo nació prematuro a los 8 meses, mi segundo embarazo terminó en un legrado al segundo mes, mi tercer embarazo inició con amenaza de parto en primer trismestre pero con un final feliz, el cuarto un embarazo gemelar que me cimbró el suelo e hizo que los perdiera a ellos, junto con la inocencia y la fe y mi quinto embarazo de alto riesgo, presión alta y con amenazas de parto desde los 5 meses.


Sí, sabía que se podía perder un embarazo pero pensaba que solo pasaba en el primer trimestre, creía que solo había que aguantarse los miedos y la respiración hasta las doce semanas y que pasado ese tiempo ya todo se reducía a esperar el nacimiento sobándote la pancita hasta que se llegarán los nueve meses para empezar con la parte cansada pero hermosa de ser mamá, cargada de noches en vela y de olorcito a cuello de bebé. La verdad es que nadie se atreve a empañar la felicidad que representa el embarazo y nacimiento diciéndote que la vida y la muerte van de la mano y que incluso se puede nacer muerto.


Joaquín y Víctor nacieron con las probabilidades en su contra a las 26 semanas de gestación de lo que fue un embarazo gemelar normal, nacieron prematuros extremos un 5 de septiembre de 2012 por una RPM (Ruptura prematura de membrana) pesando 1 kg y 800 gr respectivamente, los conocí los días que murieron en pequeñas cajas blancas que fungieron como cunas y con sus ojitos cerrados. Y quiero contarles que eso no fue la peor parte sino que lo bonito apenas empezaba, teníamos que aprender a vivir con su ausencia sin manual o guía alguna, no hay ningún capítulo en los libros de embarazo y maternidad que te preparen para esto.


Domingo 9 de septiembre de 2012, 3:00 pm de la tarde, me despierto aturdida de la siesta después de haber pasado una semana sacada de una película de terror que incluyó la ruptura de membrana, una cesárea de emergencia coronada con la muerte y entierro de dos de mis hijos. Me levanto de la cama y aun llevo los pechos vendados y una blusa de maternidad vacía manchada con leche de nadie. Salgo de mi cuarto y volteo al cuarto de enseguida, al cuarto sin puerta, al cuarto que me recuerda que esas cunas que me observan vestidas perfectamente nunca serán usadas, que los cajones están repletos de ropita que no tendrá olor a bebé. Lo veo y me da coraje que nadie me dijera que esto podía pasar y, entre el olor a tierra mojada que se cuela por la ventana a la par del cielo gris quiero romperlo todo, arranco sábanas , tiro almohadas y enloquezco sólo un poco más, mi esposo se despierta y me ve llorando quitando todo, me levanta del piso, me abraza, me contiene.


-A veces pasa y les tocó a ustedes- dijo fríamente mi doctora cando fui a control y a que me quitaran los puntos. Sí, después sabría que 1 de cada 4 mujeres vive al menos una vez en su vida un embarazo que no llega a un final feliz.


Me lanzaron al mundo con una herida en mi vientre pero con una más profunda en el corazón. Nadie nos dijo que cuando muere un bebé también se vive un duelo y uno completo en toda la extensión de la palabra.

Se le llama duelo gestacional y perinatal al duelo que se vive cuando se muere un hijo en cualquier etapa de la gestación y en sus primeros meses o al año de vida, un duelo que se vive muy callado pues se piensa que entre más temprana la pérdida y menos contacto, hay menos conexión con ese bebé que partió antes de tiempo con el razonamiento de “entre menos tiempo, menos amor y menos dolor” al fin y al cabo:¿Cómo puedes llorar por alguien a quien no conociste?


Poco a poco, fui encontrando ayuda en internet y redes sociales. Fui leyendo sobre duelo y buscando grupos de ayuda e información que me ayudara a vivir todo mi proceso. Si piensas que actualmente casi no hay espacios que hablen y aborden este tema, te impresionaría cómo era hace nueve años.

Sales del hospital con los pechos vendados, con los brazos vacíos y sin alguien que te oriente pensando que eres la única mujer en el mundo pasando por semejante dolor, sintiendo volverte loca.


No estás sola, somos muchas, bienvenida, esto es el duelo.

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