Bloqueo

Hay días mágicos, días en que uno "vibra alto" y otros, como esta semana que he estado un tanto bloqueada. Entre que las cosas se tardan en llegar, trámites atrasados, días que todo fluye, otros como estos días que parece todo estático y sin movimiento, que le pedaleas y la cosa como que se tarda en fluir. Por otro lado, cosas que sí o sí siguen avanzando como el regreso a la escuela, la reorganización, los hijos, el perro, etc.


El bloqueo y el no fluir es parte del proceso natural del día a día, del ya famoso proceso evolutivo. Esta semana me he sentido hasta la coronilla del proceso evolutivo. Esta semana no he vibrado alto, la fatiga emocional me alcanzó hasta cierto punto un tanto enojada y aparece este bloqueo. Esa emoción de querer salir corriendo, de mentar madres, de gritar y romperlo todo, de reclamar. Y entonces sucede ese espacio solo tuyo, donde te encuentras a solas y todo fluye poco a poco entre las lágrimas, con esa oportunidad de que te escuchen y llorar (las verdaderas amigas son magia pura en la oscuridad), o por medio de los abrazos de los peques que te ayudan soltar el mar de emociones guardadas, o en la caminata en el atardecer sentir que la vida te abraza y ahí fluir y dejar las cargas que no son tuyas, o con las mascotas y sus maneras de amarte. Tenemos un mes con Fiona, nuestra perrita husky que llegó en el momento indicado, estoy aprendiendo a amar de otras formas.


En ese espacio y con atención en el presente, ese bloqueo, ese vibrar bajo, te muestra esa parte que pocas veces estamos dispuestos a ver y aceptas que no se puede tener el control de todo, que no todo sucederá como uno quiere, que llorar es válido, que caer es parte de la vida y que “chingue su madre” siempre se puede volver a empezar pues hay muchas razones para volver a intentar.



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