Chocolate



Tengo una historia en la que participa mi cría mayor, su progenitor, el tío veterinario y un erizo hembra, en la que aprendemos sobre las decisiones y el duelo.


Que disfrutes 6 minutos de lectura.






Un par de semanas antes de julio


- Mamá... Mamá...

- ...

- ¡Mamá quiero un perro!

- No. Ya tenemos uno. Hay que cuidarlo y quererlo mucho. Uno es suficiente para esta familia.

- Pero es tu perro. Yo quiero mi perro.

- No. Es un perro que todos queremos... Mmmm bueno, tu papá no, pero lo respeta.

- Entonces, ¡quiero un gato!

- No. Soy alérgica a los gatos. Y a tu papá no le simpatizan.

- Yo no soy alérgica...

-...

- ¿Qué tal una serpiente?

- ¡Ja! Noup.

- ¡Mamá ándale!

- No, no, no.

(Silencio. Pausa dramática.)

- ¡Ya sé! ¡Quiero un erizo!

- (Ojos abiertos tamaño plato) ¿Un erizo? ¿A poco son mascotas?

- ¡Sí! Mira hasta tienen una página especial donde hablan sobre los erizos y hasta les puedes comprar todas sus cosas.

- (Suspiro profundo. Preparando respuesta con tono educativo) Mira, las mascotas son parte de la familia. Hay que cuidarlos, asearlos, llevarlos al veterinario, alimentarlos, pasearlos, jugar con ellos. Se tratan con cariño y respeto. Todo eso implica mucha atención, tiempo, esfuerzo y también dinero.

- Ajá.

- No tengo idea ni siquiera de cómo es un erizo, ni creo que sean mascotas. Tendrías que investigar toda la información acerca de su hábitat, comportamiento, alimentación, cuidado. Y si son mascotas de casa, todo lo que necesita para estar bien, cuánto tiempo vive, qué come y quién lo atiende. Ademáááás también tienes qué investigar cuánto cuesta comprar un erizo y cada una de las cosas que debe tener, para que veas cuánto dinero vas a tener que sacar de tu alcancía.

- Bueno.


Y cuando yo iba a seguir con mi discurso sobre los gastos mensuales que implica tener una mascota, y a sacar mis ejemplos de las croquetas… la cría ya se había marchado a otro lugar.

Seguí mis actividades. Pasaron algunos días, digamos que semana y media cuando:

- Mira mamá, ya sé que los erizos sí pueden ser mascotas. Necesitan... bla, bla, bla, bla.

Yo escuchaba mientras pensaba "a ver qué cara pone, cuando le diga que yo no voy a invertir"; cuando llegó el momento en que me dijo:

- ... y esto es lo que tengo en mi alcancía ¡sí me alcanza!

Poooingggg, mi argumento estaba derribado antes de ser lanzado. Sin embargo, con valentía le dije:

- Bueno, eso sirve para comprar el erizo, muy bien. ¿Y la jaula? ¿Y el alimento, y el veterinario y lo que ocupe cada mes?

Su carita comenzaba a tornarse preocupada, pero al mismo tiempo sus ojos demostraban la búsqueda de una solución; al mismo tiempo yo armaba un argumento nuevo, las reglas de cuidado y el famoso "yo no le voy a limpiar".


Mi pensamiento fue interrumpido al escuchar:

- Dice mi tío Jano que sí tiene una hembra.

La cría ya estaba haciendo negociaciones y asumiendo compromisos cuando yo todavía no me había explayado, ni había dictado mis órdenes. Fui cayendo en cuenta de que no había derribado solo mis argumentos, sino que fui la puerta para que encontrara un mundo de posibilidades que la hicieran llegar a su objetivo. Se abría camino y encontraba aliados.

- Me dijo mi tío Jano que la podemos ir a recoger el domingo, con Citlalic.

- Pásame a tu tío, (...) Jano, por favor recuérdale que una mascota requiere atención, cuidado, limpieza y mucho amor, bla, bla, bla.

Mis palabras fueron recibidas con la risa de un tío alcahuete que, sin que yo hubiera escuchado la conversación telefónica completa, le estaba enseñando a mi cría lo maravilloso que es un animalito, un ser vivo para cuidar.

Estrategia

Hilado a ese momento, de manera silenciosa y siendo muy cauteloso, el progenitor de mi cría ya había entrado en la alianza con una estrategia. En una salida llamada "vamos por los tacos", regresaron con una jaula y una bolsa de alimento. Los aliados, tío veterinario y progenitor, fortalecieron la decisión de mi cría para tener una mascota propia. La cría estaba feliz. Yo estaba desarmada.

Sentir vencidos mis argumentos no fue muy grato, sin embargo, ver la manera en que se preparó y resolvió lo necesario para lograr su objetivo, me hizo sonreír y apoyarla. Total, también me gustan las mascotas.

Julio.

En una cajita de plástico sin tapa, con algunos trapos, un 18 de julio llegó Chocolate a casa. Tenía sólo dos meses de edad y se movía con mucha rapidez. Pronto se adaptó a su nuevo hogar y todos teníamos mucha curiosidad sobre ella.


De manera casi inmediata descubrimos que durante las noches era muy activa y en las mañanas se la pasaba dormida, que ese no era un "mal hábito", sino una condición natural de su especie. Así que nos acostumbramos a dormir con sus ruidos.


Una madrugada escuché algo parecido a un chillido, me levanté inmediatamente, fui a revisar la jaula y Chocolate sólo se quedó mirándome como si dijera "yo no fui".


Otra noche sonaba como si algo se azotara. Revisé de nuevo y Chocolate me volvió a mirar con la misma expresión “yo no fui”.


Un par de días después, estando muy cansada y yendo rumbo a mi cama descubrí que la erizo trepaba la jaula y cuando se colgaba del techo se dejaba caer. Estaba aburriéndose y solita encontró su diversión.


Mi cría, como toda una dueña responsable, hizo uso de su creatividad y habilidades manuales para crearle una especie de resbaladilla-laberinto con cajas y tubos de cartón, la cual no cabía en la jaula, así que había que sacar a la erizo a que jugara en su propio parque de diversiones.


Así fue como descubrimos que si la ponían a jugar por la tarde justo cuando bajaba el sol, todos teníamos mejor descanso, pues Chocolate estaba relajada y sus ruidos se limitaban al masticado de croquetas y el rasgado de trapos y periódicos para acomodar su lecho.

Dueña y mascota se fueron entendiendo cada vez más. La dueña aprendió a cargarla con un trapo, la mascota a reconocerla, a acompañarla mientras tocaba la guitarra y a no moverse si la dueña le soplaba en la nariz.


Me sorprendí al ver el interés genuino por querer cuidar y hacerse responsable de su propia mascota. Limpieza, juego, llamadas al tío veterinario, compra de objetos necesarios para la supervivencia de la mascota, acuerdos con su padre para pagar lo necesario, instrucciones de cuidado y negociación con la Abue para que cuidara a la mascota un par de días en la vacación. Todo, todo lo hizo ella. Claro que en algunas ocasiones estuvo presente “ese erizo huele mal”, “¿ya le cambiaste el agua?”, “recoge ese laberinto de la sala”, pero a todo dio atención, a su ritmo, a su manera, pero responsable.


Poco menos de un mes faltó para que se cumplieran los dos años. “Síndrome del erizo tambaleante” fue el diagnóstico. Recibió cuidados y mayores atenciones, pero esa enfermedad no tiene cura y poco se ha investigado.


- ¿Está comiendo bien?, preguntó Jano.

- Ha comido menos. Hace poco se movía y si quedaba de lado se podía regresar a caminar. Ahora ya no regresa sin ayuda. - Respondió mi cría.

- Está baja de peso, dijo el tío veterinario examinando a Chocolate.


La mirada de los aliados se cruzó para luego ver a la dueña.


- Está muy avanzado. Si le aplicamos una dosis más fuerte, puede ser que tenga un mes más de vida, dijo el tío.

- Piénsalo bien, ¿qué es mejor?, dijo el progenitor, mientras la miraba con ternura y tratando de transmitir toda la fortaleza necesaria.

- Quiero llamarle a mi mamá, dijo finalmente la dueña.


La escuché llorando y necesitando apoyo para saber qué decisión tomar. Yo no tenía ningún argumento preparado, sólo estaba dándome cuenta de que mi cría de 12 años estaba a punto de tomar una decisión sumamente importante en su vida y que no era nada fácil. El amor habló.


- Mi nena, es momento de pensar en qué es lo que más conviene para Chocolate. Pregúntale a Jano todo lo que quieras saber sobre la manera en que puede sobrevivir y lo que pasa si ahora la duerme. Vas a tomar una decisión muy difícil, pero lo harás bien. Aquí estoy.


Progenitor y tío, pactaron una nueva alianza con la cría, le brindaron la fortaleza y la claridad que ella necesitaba para decidir. Hablaron con la verdad, con franqueza y sin rodeos. Le dieron espacio para decidir, para despedirse, para agradecer.


Y Chocolate se durmió.


La cría, dueña de Chocolate, decidió con muchas lágrimas, pero también con una visión clara que era el momento oportuno para que su erizo durmiera. Así fue. Luego de despedirse, hicimos videollamada y también mi cría menor y yo nos despedimos dándole muchísimas gracias por la aventura de contar con su presencia en nuestra casa.


Jano, el tío veterinario hizo lo correspondiente y Chocolate se durmió.


Mi corazón agradece a Dios la bendición de tantos aprendizajes y oportunidades para acompañar, descubrir, respetar, estar, amar.


GRACIAS POR LEER.

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