De bodas y amigas

¿Qué creen? Me voy a casar.

Obvio gritamos todas porque otra incasable dijo sí.

Es normal en mis amigas decir que no se casarán y bueno ya van dos que aceptan. Cada una ha tenido su boda íntima, esa boda que es sólo para el novio y la novia.


Antes de San Valentín les pregunté ¿Qué foto donde salimos las cuatro puedo usar para una entrada en el blog? La que verán es la que seleccionaron. Ellas son mis hermnas. Así como bloques de ladrillo nos hemos ido dando soporte, calidez, estructura, amor a lo largo de los años. Cada una con su individualidad que de pronto extiende los brazos para ser y estar con otras. Para dejarse aglutinar gracias al mortero con la otredad, para continuar con la metáfora de los ladrillos.


Como cualquier amistad o relación real, nos hemos peleado, contentado, abrazado en las soledades absolutas, perdonado en las ofensas, acompañado en los miedos, los triunfos, las pérdidas, los amores memorables y los amores para fincar la vida.


Estoy agradecida de conocerlas, aprendo cada día de ellas. Hay misterios que nunca entenderé de cada una y ni siquiera lo intento, porque sé que ahí está el límite, cada una tiene derecho a ser y creer en lo que quiera. Celebro el encuentro, incluso cuando no podemos estar, sé que hay una razón y algún día habrá otro encuentro o no, eso no importa, no invalida lo anterior. Como vi en una película mega cursi sobre ballet clásico y hip hop (Let's dance. Netlfix 2019), que por cierto es un remake de una gringada de los 2000: El amor siempre está presente, incluso en la ausencia. Nos ha transformado a tal grado que vemos el mundo a través de sus ojos, nos acompaña siempre. Es decir, seguro recuerdan un momento donde la amiga, la hermana, la pareja, la madre no estaba y pensaron: ja, hubiera dicho esto, hubiera hecho aquello. Ahí está, esa persona ya nos marcó y está con nosotros.


El amor es infinito y múltiple. Envié mis palabras para acompañar a mi amiga:

Nunca he creído que una boda sea el inicio de una nueva vida. Desde chica imaginé que si me casaba sería con alguien con quién ya hubiera vivido 10 años y la boda sería el agradecimiento por esos 10 años. Tú y (nombre del novio) llevan 8 años. Han vivido de todo y es por eso que se casaron hace mucho. En tus creencias me atrevo a decir que se casaron desde otras vidas, antes de nacer en esta. Hoy celebrarán el camino recibido y pedirán por 8 años más. Sí, esa forma particular del infinito. De 8 en 8 se van cruzando los años y las vidas. Los anillos comprados por ambos lejos de ser una anécdota de quienes se aventuran a lo improvisado es reflejo de que quienes son y han sido siempre, una pareja en equilibrio. Una pareja que vive los momentos juntos, porque en esa unidad se comparten e incluso sus individualidades gozan ese momento de forma particular, íntima, intransferible. Son 8, dos círculos entrelazos que forman infinito. Cada uno es completo y cuando estiran los corazones se abrazan y pues 8. Rodeada de árboles es la boda perfecta no se necesita más, ellos son testigos de todas las vidas pasadas y por venir. Convierten nuestros desechos en vida y todo desde el silencio y la belleza. Que así sea para ustedes, que se ayuden a convertir sus tristezas, problemas en retos, oportunidades desde la comprensión y empatía entre ustedes, esa que es silenciosa para el resto. Desde la belleza que es saberse acompañado en todas las vidas posibles.


Queda una hermana por hacer la llamada. Seguro gritaremos. Aunque esa boda sí la hemos imaginado, repasado, repensado y a veces creo que le ha molestado nuestra insistencia de cómo visualizamos esa fiesta. La verdad, lo hemos hecho desde celebrar el gran amor que ella es. Sí, es la boda pública, segura estoy que tendrá también esa boda íntima, en la que sólo importan los amantes y los demás nos enteramos horas después.


Ojalá tengan amigas hermanas, esas con quienes te ves haciéndote viejita y conforme avanzas en edad te guardas más los te lo dije y los transformas por el aquí estoy. Hermanas con quienes sacas el álbum de fotos de los viajes (sí todavía imprimo) y se ruborizan porque los recuerdos arropan al cuerpo, la complicidad regresa, se recuerda lo importante: no nos entendemos, pero nos amamos, nos acompañamos y crecemos, a veces a distancia, a veces en cercanía.


Silencio, el amor requiere espacio, tiempo y muchas, muchas risas.



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