El cambio

Toda la vida hemos escuchado el cambio es necesario, el cambio es inevitable, el cambio nos hace crecer, el cambio nos eleva, el cambio nos transforma, el cambio es parte de la vida, todo el tiempo cambiamos, todo el tiempo.


Y pues… Llegó.


Hace 2 años planeábamos y organizábamos que pondríamos en la maleta, faltaba muy poco para “las vacaciones soñadas”.

Hace 1 año planeábamos el color de la lavadora nueva, el color del auto, la despensa, la independencia laboral, el crecimiento personal…


Hoy, hoy planeo donde donaré tu ropa, quién se quedará tus zapatos, quién se llevará tus libros, pero el cambio más importante y profundo, dónde y cómo reiniciaremos como familia pues ya no somos cuatro, ahora somos tres, y este cambio para ser sincera me asusta un poco.


Desde hace 8 meses, día tras día me enfrento con el cambio, un cambio que no pedí, un cambio que no vi venir, un cambio que llegó sin invitación, se pasó sin pedir permiso, nos invadió.


¿Quién te invitó? Porque yo no te invité, no así, no con estas reglas, no de esta forma, jamás me preguntaste o me pediste permiso de a quién sacar primero de mi vida.


Yo y el cambio, estos últimos meses, hemos y estamos peleando, nos enojamos, lloramos, reímos y volvemos a pelear, y al final del día nos abrazamos y poco a poco nos aceptamos, nos reconciliamos, vivimos una aventura mutua, un tanto secreta un tanto pública.

El cambio me ha cambiado, soy consciente de que todo cambia, ya sé que suena muy trillado, pero hoy soy consciente de cosas que antes no solía observar porque la vida diaria y todos sus dramas me hacían dar por hecho, me hacían creer que hoy al llegar la noche dormiría, y mañana volvería a empezar, daba por hecho planear a futuro, vivir pensando siempre en el futuro, y olvidando el presente o tal vez no viviéndolo con toda la intensidad que nos caracteriza.


El cambio llegó sin avisar y nos revolcó tan fuerte que hoy ya no somos los mismos, hoy somos mejor que ayer, un poco más rotos, pero más renovados. He conocido un dolor que jamás imaginé sentir, pero también conocí y agradezco el poder vivir el amor en todas sus facetas. Hoy entiendo y agradezco, pero sobre todo sé que el cambio es inevitable y como es inevitable prefiero gozarlo, porque no quiero ser la misma, quiero crecer, ser mejor, quiero vivir, quiero encontrarme, quiero sanarme y ante el constante cambio solo tengo esta opción de aceptar el dolor y transformarlo, abrazarnos, enojarnos y cambiar juntos.



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