Eres infinito, padre Alfonso.

Ser una toalla mojada. Entre muchas otras cosas que le aprendí al padre Alfonso.

Me inscribí a su clase porque quería ver cómo se atravesaba las varillas por la garganta. Desde el día uno nos dijo: ya sé porque se inscriben conmigo, pero les advierto que eso sucede hasta las últimas clases y si faltan ya no los dejaré entrar a ellas.


Conocí un Jesús muy distinto al que me habían enseñado. La relación entre religión y ciencia me pareció interesante.


Resolvió mis dudas respecto a dogmas de fe y sobre la espiritualidad en lo cotidiano, me dijo: Julia, perdona a las monjas, no te enseñaron mal, sólo son ortodoxas. Cuando tengas una duda, revisa si es correcto para ti, si no daña tu dignidad, si no te hace daño, daña a otros o te perjudica. Es así.


Verlo era reconfortante, sentías que te quitaba cargas sin decir palabras. Te regalaba chocolates si lo visitabas en su oficina. Cuéntame, ¿qué te trae por aquí? ¿eres feliz? y pasados los años añadió ¿cómo están tus hijos?


Nunca quise casarme pero en eso de jugar a imaginar pensé que el único sacerdote que me gustaría lo hiciera era él. No hubo oportunidad, pero sí casó a mi amiga la incansable y eso me hizo muy feliz. Fui madrina de arras. El padre Alfonso nos recibió con una sonrisa, al final de la ceremonia nos dijo: qué gusto que las amigas sigan juntas.

Por las mañanas lo encontraba diario en su camino de la casa de los padres hacia la Ibero. Yo dejaba a mis hijos en el colegio y en el regreso a donde había estacionado el auto coincidía con él. Platicábamos, nos saludábamos. Sonreía, me daba la bendición y yo era feliz.


En esas últimas clases, lo vi atravesarse el cuello con varillas, hipnotizar a mi amiga la incasable, encontrar al asesino en un juego de detectives que consistía en salir del salón para que nosotros decidíeramos quién sería el asesino, quién el asesinado y el borrador sería el arma. Él entraría y diría quién era quién.


¿La ciencia lo explica? Sí. La mente es poderosa. Entrené y sangré, pero no desistí. Frente al espejo me repetía: No duele, no sangro, no me infecto. No duele, no sangro, no me infecto. Un día lo logré. Misterio de las varillas resuelto. Creánme no lo he aplicado para las varillas pero sí para otros momentos en la vida: No duele, no sangro (no me lastima, no es permanente, no me hace daño) no me infecto (no me afecta, no me destruye) Es decir, se ha vuelto mi mantra ante una situación difícil, dolorosa.


Drogarse y meditar son estados alterados de conciencia, lo que tienes que aprender y elegir es cómo controlarás tu mente, nos dijo. Así funciona la hipnosis, trabajas con una mente dispuesta. Nos advertía no intenten esto en casa.


La frecuencia cardíaca se altera, aunque sea un juego, cuando le pides a dos personas ser una el asesino y otra el asesinado. Yo sólo debo pedirles prestada su mano, hacer como que observo sus líneas, su peso, pero en realidad tomo el pulso y ahí sé. Luego me fijo en los ojos, el lenguaje no verbal. Jamás he intentado jugar y adivinar, pero aprendí que los seres humanos somos transparentes para quien observa, para quien escucha. El imposible no comunicar de Watzlawick aplicado.


Era exorcista. En una clase colocó a compañeros cerca de una silla, les pidió que extendieran sus manos cerca de la silla pero no la tocaran. La silla se balanceó adelante y atrás. Le pidió que adelante fuera sí y atrás no. Nos ponía a preguntar cosas y la silla respondía. No fallaba.


La vida es energía, todo es energía, debes aprender a controlarla. No lo intenten en casa. Aquí no hay un espíritu, ni hay un diablo, aquí solo hay energía.

¿Y los exorcismos Padre? Es energía descontrolada, hay que encausarla.


Su hermano, de quien hablaba con admiración y respeto en clase, trabaja o trabajaba en Brasil investigaciones paranormales o eso nos dijo, o eso recuerdo.


Aprendí entonces que la vida es energía, es voluntad, es elección. Aprender a ver, no sólo con los ojos, sino con la conciencia es importante.


Ser una toalla mojada, que ya sé que por eso se quedaron a leer, es aprender a recibir lo que la vida trae y reaccionar como una toalla mojada ¿Qué le pasa si la golpeas, la doblas, la avientas? Nada. ¿Qué le pasa a un tronco si lo golpeas, lo doblas, lo avientas? Se astilla, se rompe, se destruye, decía. Sé una toalla mojada, recibe pero sigue siendo tú, deja pasar.


El padre Alfonso trascendió, es energía pura, energía que mutó y nos transformó. Es uno de mis grandes maestros de vida. Lo honro y seguiré conversando con él cada mañana, porque todo lo que hay es energía. No duele, no sangro, no me infecto. Sé una toalla mojada. ¿Qué te trae por aquí? ¿Eres feliz? Gracias padre Alfonso González de Quevedo.




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