Los duelos de una mujer

Tengo años escribiendo sobre duelos, me he hechos especialista en un tema que llegó a mi vida con un duelo muy impactante, la muerte de dos de mis hijos al nacer.


En la bendita ignorancia antes de pasar por ese dolor tan devastador confundía duelo con luto, con el vestirte de negro y poner la carita larga una temporada, sí, había vivido muertes cercanas antes con su dolor desgarrador pero nunca nada se le comparó al dolor de la muerte de un hijo, y no hago menos el dolor de quien vive otras perdidas, creo firmemente que no hay un dolorometro que mida o diga cuanto te deba doler algo, cada quien lleva sus penas, sus dolores y sufrimientos como puede y más en una sociedad que le huye al dolor cuando las pérdidas son una constante en nuestro día a día.


Tiempo después ya adentrada en el tema me entró la iluminación que a otros les llega mucho antes y reflexione (y lo escribo sin afán de sonar pesimista ) que la vida es un constante ir y venir de duelos de distintos tipos, una constante en nuestra vida son los duelos, sí, el duelo por un cambio de ciudad, por la ruptura de una relación de amistad o amorosa, por un cambio de casa. vivimos inmersos en un abrir y cerrar de etapas, cargamos con distintos dolores: unos como un pellizco, otros como un ardor, una punzada, hasta llegar al desgarro que no te permite respirar ni poder vivir más allá del día que estas pasando.

No soy feminista (pero me gustaría serlo), o lo soy a medida de lo que mi deconstrucción me lo va permitiendo, pero con base en mi experiencia puedo decir que el ser mujer trae consigo un sinfín de duelos y muchos no los dejamos salir hasta que algo impactante toca nuestra puerta. Como mujer la sociedad, las reglas, las normas impuestas de como debe todo de ser nos empujan a perdidas importantes e impactantes que se suponen no deben dolernos ni afectarnos y como somos obedientes, las aceptamos sin detenernos un poco a lamernos las heridas y vivir los procesos de duelo correspondientes.


El dejar proyectos de vida, trabajos, sueños, el cerrar la etapa reproductiva, la relación con nuestro cuerpo cambiante


Creo que cualquiera que me lea pensara -bruja amargada y resentida- hasta me pueden decir que soy parte de la generación de cristal que no aguanta nada (termino que odio, generación de cristal, pero eso lo podremos tocar después) pues mujeres de generaciones anteriores a las nuestras hacían todo esto estoicamente porque así debía ser y sin mostrar ningún atisbo de dolor.


¿En realidad hay quien viva sin dolor alguno la carrera truncada por decidirse a maternar? ¿ o dejar sueños propios por apoyar los de la pareja? ¿No nos tiene que doler ver el cambio de nuestro cuerpo de juventud para pasar al cuerpo maduro en una sociedad que no acepta el paso de los años?


Creo que a más de a una nos ha pasado ver alguna vieja foto con nuestra imagen joven congelada en el tiempo, inmortalizada y preguntarnos ¿a esa joven idealista y llena de sueños le cumplí al menos alguno? ¿Podemos hacerlo sin que unas lagrimitas ( o unas cataratas embravecidas) se nos escapen por los ojos?


Digo sin miedo que a mi sí, lloré a los 37 al ver fotos mías de joven y ver que he defraudado a esa mujer, y no es que me este pegando duro la crisis de edad, solo que se supone que las mujeres debemos pasar hoja y olvidar sueños por cumplir otras cosas diferentes, y no reniego de la maternidad pues me ha traído momentos increíbles pero creo que como mujeres no debemos apagar esa llamita de las pasiones que teníamos de joven, tenemos que tener un equilibrio, darnos tiempo y no cortar sueños de tajo porque al final del día con la única persona que contamos es con nosotras mismas, nos lo debemos ¿o no?

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