¡LOS FESTIVALES NAVIDEÑOS!!!


“Bendita la hora en que este año no hay que gastar en disfraces para los chiquillos.”

“Por fin este año tuvieron clases sin interrupciones para ensayos”.

“¡Vaya! Este año no dieron lata para ver quién pone el puesto de los tamales y el atole”.

“Es que neta, comadre, luego es un gastadero de dinero y perdedero de clases”.


Voces que quizá alguien dijo en algún momento de este mes, en algún año anterior al 2020.


Yo tengo otras voces en mi interior, que se han formado a través de lo que observo, escucho y siento desde que soy tía, animadora infantil, madre.


Los niños disfrutan preparar los festivales. “En veces sí, en veces no”, los niños disfrutan aprender cosas nuevas. Les gusta moverse, salir del salón, ver otras cosas con sus compañeros, escuchar a sus maestros hacer algo diferente como bailar o cantar o actuar. Algunos niños se divierten pensando en el disfraz por sus colores o brillitos, otros aborrecen el disfraz porque pica, porque el personaje les cae mal, porque les parece ridículo.

Otros niños se fascinan por aprender una canción y bailar, otros por actuar y por ser durante un momento alguien diferente. Algunos les desagrada oír su voz, seguir una coreografía y aprenderse un diálogo.

Yo me he dado cuenta de que cada niño con el que me he encontrado en los festivales tiene una motivación particular que los hace participar, ya sea que lo hagan por gusto o por obligación, lo que mueve a cada niño es: SER VISTO.


Para ellos no se trata de hacerlo espectacular (algunos sobresalen por sus dotes artísticos); no se trata solo de obediencia a sus autoridades; tampoco se trata de darle gusto al público. Para los niños se trata de ser apreciado, de ser visto y aplaudido. Se trata de la aprobación.

¿Y eso qué? Pues que nuestra mirada como madres y padres, abuelos, tíos, primos, ¡es importante para su seguridad y desarrollo! Por eso conviene verlos con amor.


El amor no es aprobar “esto está bien hecho, esto está mal hecho”, es decir, no es ser juez.


Se trata de acompañar: estoy presente físicamente con mis ojos, oídos, respiración; ahí, aquí y ahora; presente emocionalmente poniendo los sentimientos y pensamientos serenos para ir ordenándolos y expresándolos según vayan siendo requeridos; espiritualmente presente retomando el aquí y el ahora.


Mirar con amor se trata de valorar el esfuerzo. Quizá el niño dedicó mucho tiempo a ensayar y de tanto hacerlo, hasta tú te sabes los pasos, la música, los diálogos; quizá dedicó el mínimo y se puso a ver el iPad, a jugar videojuegos, a estar echado viendo tele y sólo te enteraste de que saldría en el festival cuando te avisaron que había que pagar y recoger el disfraz… Como sea que haya sido, hubo esfuerzo y tu cría estará en el festival y el esfuerzo de estar trepado en el escenario es de valientes. ¿Te animarías a subirte tú al escenario?


Mirar con amor también se trata de animar. Si formas parte del club “mamás y papás porristas”, está fácil comprender que en el momento del show hay que dejar el celular en posición fija para poder aplaudir, vitorear y levantar las pancartas de apoyo que improvisaste con las servilletas. Pero si tu personalidad es más reservada, animar va desde el aplauso moderado y la motivación física con la palmadita en la espalda, con el beso, con la palabra “te va a ir muy bien”, “tú puedes”, “me encanta verte”.


Ser muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuy paciente es también una mirada de amor. Exige respirar, saberse adulto. La paciencia la entregas cuando es un niño extrovertido y se quiere poner el disfraz desde el día anterior y tienes que ayudarle a esperar para que se lo ponga justo antes de ir al festival. Si tienes un niño inquieto y juguetón, paciencia a la hora de peinar, maquillar, vestir para que dure limpiecito y arreglado mínimo cuando los presentan. Y si tienes un hijo introvertido, la paciencia para que esté vestido y preparado puntualmente, a tiempo, sin berrinches, sin llantos. La paciencia lleva mucha respiración.


Cada mirada consciente, presente y sobretodo amorosa que das a tus críos desde que nacen hasta que vuelan, les otorga seguridad y genera en ti felicidad.


¿Y ahora en este año 2020 que no hay festivales? ¿Cabe la posibilidad de que tu sala o comedor se convierta en un escenario para que tus niños y adolescentes (y pudiera ser también que los jóvenes y adultos) para mostrar sus talentos?

Yo sí quiero un festival navideño en casa. Seré su principal público e invitaré a los abuelos a una videollamada. Quiero conjugar las miradas amorosas presentes y virtuales. Quiero vivir la experiencia de un festival VIP. Chance y hasta yo cante un villancico.

21 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo

Chocolate