No sé qué hacer

Miércoles 3.



Hay días u ocasiones que no sé qué hacer. Muy seguido me pasa con algo tan trivial como preparar la comida. En otros momentos no sé qué hacer cuando tengo que tomar una decisión como cambiar de colegio o comprar un pantalón. A veces tampoco sé qué hacer cuando las crías se expresan con un berrinche o me plantean sus dudas existenciales. Muchas veces cuando un amigo se encuentra débil o convaleciente ¡no sé qué hacer!


Son lapsos a veces cortos, a veces no tanto, en donde no tengo conocimiento, ni ninguna información que oriente o solicite la acción. Me da "congelamiento cerebral" y también se me congelan las manos y los pies dejándome quieta, sin movimiento. El momento se vuelve como un escenario vacío, en el que quieres ver la obra pero lo que hay es un espacio solo, con telón, piso y techo, no hay más.


Confieso que me da desesperación y, a veces, según la circunstancia, también angustia. Me preocupa no saber, no hacer, no tener o no aprovechar lo que tengo. Y vienen los reproches mentales y las exigencias. Circulan como títulos de películas algunos pensamientos: "¿Cómo que no sabes?", "estás segura de que no sabes ¿o te estás haciendo pato?" "Pero si tú sabes de eso, ¡cómo es que no sabes de esto!" "Déjate de tonterías inventa qué hacer" "Tú hazlo, aunque no sepas".

Son pensamientos mezclados con juicios, con sentimientos, con creencias, que me confunden.


Cuando esa revoltura me pasa, la forma en que he resuelto mi falta de sapiencia y de acción, o sea, la solución que me ha funcionado es PREGUNTAR.


Y es entonces cuando agradezco infinitamente la presencia de mi familia y amigos. Porque cuando yo no sé, hay alguien que sí sabe y que está dispuesto a compartir su conocimiento conmigo. Y también doy gracias por quienes, sin conocerlos, ponen al alcance lo que saben y lo comparten ¡en las redes sociales y en internet! Entonces ese escenario vacío se empieza a construir con los datos, la información, el conocimiento que me brindan los demás.


Así se me empieza descongelar el cerebro y las ideas surgen, la creatividad se activa y viene el momento de ¡decidir qué hacer! Pero ya con información, es más fácil decidir.


Debo mencionar que no siempre encuentro quien quiera compartir conmigo, que se molesta con mis preguntas o que se enoja ¡porque no aprendí y vuelvo a preguntar! Entonces tomo con más calma la situación, respiro y me río. Si es posible, dejo la acción para otro momento, y si no, pues decido "al tin marín" asumiendo mi responsabilidad.


Neta, muchísimas veces aprendo, hago mío el conocimiento, pero otras no. Aplico el valor (valentía) y la humildad para aceptar que no aprendí, que vuelvo a necesitar ayuda. Así también me pasa.


En resumen, cuando no sé que hacer, pregunto y cuando me informo, decido. Al elegir actúo.


Cuéntame cómo has resuelto cuando no sabes qué hacer.

Gracias por leer.

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