RENACER


¿Celebrar? ¿Festejos? ¿Navidad? ¿Año Nuevo? ¡¿En serio?! ¿Por qué? Este 2020 mundialmente nos ha pegado duro a todos. Muerte, hambre, enfermedad, miedo, angustia, incertidumbre, pánico, dolor, tristeza... Con todo esto ¿en qué cabeza cabe celebrar?


Efectivamente, no cabe en la cabeza, la celebración cabe en el corazón, en esa área donde está lo más íntimo de tu ser.


Celebrar más que ser un acto festivo, es un gesto de profunda gratitud, de humildad, de reconocimiento. Quien realmente quiere celebrar abre con totalidad su pensamiento para dar gracias. Agradece por todo lo que hoy puede hacer por sí mismo y por los demás. La persona que quiere celebrar reconoce todo lo que hoy tiene: familia, amigos, trabajo, comida, ropa, ¡vida! Y con humildad también muestra gratitud por lo que no tiene ya que eso le permitió aprender, aceptar, transformar y así mejorar como ser humano.

Al celebrar agradeces lo que hoy eres.


A veces uno no es consciente de las cosas simples de la vida y que son bendiciones. Por ejemplo, hace unos días estaba quejándome del tiradero de juguetes. –“Si tienen un cuarto de juegos ¿por qué hay juguetes en todos lados? Cada cosa tiene su lugar. En esta casa no hemos podido con el desorden, siempre hay tiradero de juguetes, de cosas de la escuela, de galletas o de pan. ¡Caramba! ¿Cuándo van a aprender que cada cosa tiene su lugar? …” Y en esta letanía en la que yo buscaba ser asertiva, al tiempo que desfogaba mi frustración, me di cuenta de lo que estaba diciendo: “¿Cuándo van a aprender que cada cosa tiene su lugar?” ¡Pues cuando yo aprenda que son crías! Los niños hacen tiradero para conocer, explorar, aprender. Están haciendo lo que les toca hacer. Están viviendo su momento. Y en breve la infancia va a terminar. Están viviendo lo que les corresponde: ser niños. Y aquí no terminó mi reflexión, me di cuenta de que si pueden hacer tanto tiradero ¡es porque tienen con qué hacerlo! Tienen el permiso de jugar, tienen juguetes para hacerlo, tienen acceso a la tecnología para estar en la escuela, tienen libros, tienen galletas, pan y comida en el refri y la alacena. ¿Y cómo pueden tener todo eso? ¡Gracias al trabajo que tenemos en casa! Tenemos salud, trabajo y harto quehacer. Estamos sanos, ganando un sueldo y ocupados.

¿Cuántas personas hay en este momento luchando por tener salud, trabajo, comida, alegría? Yo conozco varias: Fedra, Jacinto, Conchita, Eunice y varios más. Cada día es una ganancia.

No sé qué pienses, pero a mi me ha llegado el momento de reinventarme, de renacer.


Navidad y el Año Nuevo me suenan distinto. Realmente quiero celebrar. Jesús lo veo no sólo en el nacimiento de barro, lo veo en toda esta situación. Creo que ahora puedo comprender mejor lo que es amar, lo que es volver a nacer, renacer.


Me doy la oportunidad de ser resiliente, de brindarme este momento para iluminar mi historia con la luz de la Navidad. Amplio mi horizonte abriendo mi mente y mi corazón al agradecimiento. Dios contigo, Dios conmigo. Ahí está el mejor motivo para celebrar.


Un abrazo en este diciembre 2020.

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