Responsabilidad afectiva, codependecia y pensamientos varios.

-Perdóneme padre he pecado de confiada (por no decir pendeja). -

Me recuerdo llegando así al confesionario de una iglesia católica. Recuerdo a la Fer de 27 años llegar con los ojos vidriosos a decirle a un padre que ya no quería estar casada, que había muchas cosas que no le latían, que sentía no estaban bien en su relación de pareja, que había cosas que lastimaban mucho; la solución de aquel servidor de Dios fue decirle a esa mujer en sus veintes unas citas bíblicas y como la mujer se debe a su hombre y que el matrimonio era difícil. Me mando a casa a rezar y a meterle ganas a mi matrimonio a ser la mujer virtuosa que debía de ser.


Doce años después esta misma Fer escribe estas líneas; una Fernanda que lo intento todo, que trato de ser la mujer virtuosa que se debía a su hombre, que debía ser la que apoyara a la cabeza del hogar que juntos construyeron, pero esta Fer, esta que esta frente a la pantalla ha librado muchas batallas y tiene que seguir en pie aun rota en pedazos. La que renació como el Ave Fenix, la que intentó encontrar la cuadratura de lo que vivía, la que se amoldó, la que se olvido de ella misma, la que lo dio todo por su familia por su proyecto de vida, la que dio su vida misma por su sueño de “y vivieron felices para siempre”


Pero no vivió feliz para siempre distando de los cuentos de hadas y las películas que vió de pequeña porque le príncipe carecía ( y aun carece) de responsabilidad afectiva; la relación en la que apostó su proyecto de vida cayó en una codependencia emocional tremenda y por ser la mujer, madre y esposa que debía de ser se dejó a un lado tremendamente perdiendo la identidad y la personalidad que un día la hizo brillar, irónicamente de la que el príncipe se enamoró en un principio.


Ahora dejaré de hablar en tercera persona de mí y les platicaré mi experiencia, me casé esperando el final de cuanto de adas y heme aquí 18 años de relación después tratando de sanar heridas y queriendo hacer una vida después de 17 años de matrimonio, un matrimonio que simplemente no funcionó porque no hubo responsabilidad afectiva, en el que se lastimaron las dos partes y en la que las personalidades y la educación dada en casa hicieron una bomba de tiempo que cuando estalló hizo muchos estragos.


No es cosa de buscar culpables porque esa es una pesquisa en la que no se llegará a ningún lado, no hay víctimas ni victimarios solo dos personas que venían de una educación emocional deficiente en la cual se actuó muy tarde cuando el amor ya se había acabado, todo estaba desgastado y era muy tarde para actuar.


Estas noches que a veces pueden ser muy largas pensando y analizando todo (porque sí, en las noches de insomnio uno se pone a desmenuzar las cosas) recuerdo en mis años de prepa por buscar que leer me encontré en los libreros de mi casa un libro que a decir verdad no recuerdo el nombre pero si el contenido, trataba de relaciones codepenientes y en ese entonces la Fer de 17 años era más práctica, más sencilla y pensaba -¿Cómo diablos sigues con algo que te hace añicos y te asfixia?- . Era tan simple te hace daño lo desechas; pero a la hora de la práctica cuando todo lo aprendido, lo visto, la religión y lo normalizado según la sociedad te juega gacho y te hacen agarrar un montón de rosas lleno de espinas que te lastiman pero bueno, las rosas son bellas y se supone deben gustarte ¿o no? Bueno yo fui siempre amante de las gerberas y sus colores, pero se supone me debían gustarme las rosas con todo y sus espinas y las abrace tan fuerte que me lastimaban, pero eran bonitas y olían rico así que no las solté hasta que me lastimaron tanto que no me quedó de otra que abrir mis brazos porque dolían mucho y las rosas no me hacían feliz.


Hoy a mis casi 40 años vacíe mis brazos, dejé a un lado mis rosas aunque mucha gente podría decir -hey dejaste las rosas por unas gerberas que son casi margaritas- pero las margaritas son hermosas, son sencillas y no lastiman.


La verdad es que me hacían falta toneladas de amor propio, de escucharme, de no perder mi identidad, de no olvidarme de mí; traté de hacerlo en pareja, de buscar mi individualidad dentro de mi relación de pareja pero una pareja no es de uno es de dos y si la otra parte no tiene responsabilidad afectiva aunque uno haga de todo las cosas no funcionaran.


Después de una relación codependiente y sin responsabilidad afectiva uno queda hecho jirones, trata de reconstruirse y volverse a conocer. Nunca entendí a la mujeres que cantaban apasionada las canciones de la D’Alessio, la de Mudanzas para ser exacta, de agarrar tus chivas y tratar de rehacer tu vida con lo que quedaba de ti, pero ahora después de una relación que no funciono lo tengo muy claro: una tiene que levantarse los ánimos, el autoestima y el amor propio con himnos que te inciten a ver pa´lante y no lamentarte de lo vivido, el pasado al pasado y tratar de ver al frente porque es bueno detenerse a sanar pero uno no puede quedarse eternamente lamiéndose las heridas, el duelo es una parte de tu vida, un proceso, pero no un estado constante o una forma de vivir.

Ahora tengo un playlist en Spotify con canciones que pudieran parecer dolidas pero son canciones que me recuerdan que debo de seguir adelante por mí, se lo debo a la niña que creía en cuentos de hadas, a la mujer que dio todo por una relación y un proyecto de vida, a la mujer que lloró muchas noches y aún llora cuando no sabe qué hacer a la mitad de su vida. No entendía a esas mujeres que escuchando una canción trataban de darse ánimos de reiniciar su vida pero ahora soy una de ellas: lastimada tratando de levantarse de las cenizas y reconstruir su vida como el Ave Fénix, tocando fondo para resurgir.


Buscar el amor propio duele, pero duele más fingir ser feliz donde no lo eres ¿o no?

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