Sí, acepto.

Alguna vez leí un cuento en el que un sabio anciano le enseñaba a un joven a recibir las noticias sin catalogarlas como buenas o malas, simplemente recibirlas, así como son. No me acuerdo cómo se llamaba ese cuento y no tengo todos los elementos para contártelo, pero quiero compartir contigo la moraleja que a mí me dejo: la aceptación.


Aceptar que seguimos en pandemia es difícil. Aceptar que la convivencia con las personas que quieres se limita a llamadas, mensajes y redes sociales, es difícil. Aceptar que todo el día hay que estar en casa, es difícil. Noto que tres veces he escrito esa palabra “difícil” (cuatro con esta) y no sé a ti, pero a mí me genera malestar y me da por retener el aire, hacer una cierta pausa en los intestinos, cargar un peso en los pies y en los hombros, así como sentir un poco de molestia en la garganta.

Podría seguir describiéndote las cosas que en este momento son poco fáciles de aceptar y quizá esa lista, le puedas agregar unas cuantas más; pero no quiero hacer eso, ni seguir sintiendo malestar. Así que te invito ver otro lado, otro ángulo de la aceptación de esta realidad.


Aceptar que estás vivo. Al estar vivito puedes leer este texto. Seguramente haces muchas cosas más, pero en estos segundos estás leyendo las palabras que escribí ¡porque estás viva! Porque tienes ojos, porque sabes leer, porque tienes los medios económicos que te permiten tener internet, celular, tablet, computadora; porque tienes la inteligencia necesaria para navegar en la internet y entrar a esta página. ¿Habías pensado un poquito en aceptar la vida desde algo tan trivial como leer?


Aceptar que puedes distinguir entre el bien y el mal, entre lo nutritivo y lo que no te nutre. Si eres capaz de leer noticias, de comentarlas, de difundirlas, eres capaz de encontrar las diferencias, formar un criterio y tomar acción. Que tu capacidad para analizar sea alta o baja es otra historia. Que las acciones que realices, que las decisiones que tomes con lo que lees, escuchas, conoces, comentas, es otra capacidad que puedes enriquecer. Pero acepta que puedes distinguir. Eres inteligente.


Ahora te invito a pensar en algo ¿podrías aceptar sentirte amado? Redacto la pregunta de modo personal ¿puedo aceptar sentirme amada? ¿Acepto ser y estar amada?


Yo pienso que es más fácil vivir la vida siendo pecadora y sintiendo la debilidad, porque así entonces ¡puedo echarle la culpa al pecado, a la debilidad, a la fragilidad humana! ¡Ay!, es que me equivoqué; es que no puedo; me gustaría, pero es que no me alcanza; pudiera ser, pero es que soy así... Peeeerooo ¿y si acepto que soy libre? ¿Y si acepto la libertad? ¿Y si acepto que tengo en mi todo lo que se necesita para amar? ¿Y si acepto el Amor?


Saberse amado es un acto de responsabilidad total. San Agustín decía "ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor; si perdonas, perdonarás con amor". Así de simple. Ama y haz lo que quieras.


Sentirme amada me brinda la confianza para darme cuenta de lo importante que soy en este momento, en este espacio, en este tiempo. En el lugar en el que me encuentre sea en casa, o en el parque, o en el trabajo o en Timbuktú, estando conmigo misma, o con mis crías o con la vecina o con Don Romualdo... saber que soy amada, aceptada tal cual, con canas, con lunares, con sonrisa, sin esto o sin aquello; reconocer que soy amada, aquí y ahora. Y así entonces, descubro que el amor que siento, que experimento, que vivo, no viene de las películas románticas, el amor principal ¡viene dentro de mí! Surge en mi interior, en ese espacio sagrado, único, mío donde encuentro a Dios. Ahí es donde está el manantial que me hace fluir.


Para aceptar hay que reconocer; para reconocer hay que conocer; para conocer hay que preguntar; para preguntar hay que sentir curiosidad; para sentir curiosidad hay que observar; para observar hay que estar atento; para estar atento hay que escuchar y para escuchar hay que hacer silencio.


Así que me digo: Shhh, escucha, atiéndete, observa, mira, siente, descubre.


Cierro esta participación con una frase que no tengo idea de quién la dijo, ni cuando, ni en qué contexto, pero está en el dominio público del internet y dicha frase me hace comprender que no hay noticias buenas ni malas, solo son noticias que nos llevan a elegir, que nos presentan las cosas y que en mí está aceptar la realidad y decidir qué hacer. La frase es: "ámate tanto que todo tu amor se derrame en los demás".


Si hay amor puedo aceptar la realidad con todos sus colores y matices. Si acepto el amor mi realidad cada día es mejor.




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