Sí, lo admito. Yo lo hice y mi familia también.

Actualizado: 15 dic 2020

Asumo la responsabilidad de mis actos y justifico mis acciones con la reflexión que te presento ahora.


Sí, lo hice. Lo hicimos. Mi familia y yo. Todos juntos, sólo faltó 1.


Nueve meses tiene la pandemia, pero han sido más los que ya habíamos pasado estando lejos. Solo nos hemos acompañado en llamadas o videollamadas, mensajitos de WhatsApp y escasamente coincidiendo en algún lugar con uno o quizá dos.


Cuando se pertenece a una "familia muégano", limitar durante tanto tiempo un encuentro cercano puede mermar seriamente la salud física, mental y emocional de varios de sus miembros.


Acostumbrados a estar presentes una vez a la semana en la casa de los Abuelitos, en el festejo de cada cumpleaños (3-4 veces por mes), en los festivales escolares, en las celebraciones de los logros, en la probada de recetas, en las fiestas nacionales o patronales, en los funerales, en las vacaciones, en "los vuelos de la mosca" (cualquier pretexto es bueno)… A de repente ya no estar, ¡uff! Es tremendo. Para mí es duro, es difícil.


También es cierto que un poco de lejanía me ha ayudado a purificar; es decir, que puedo apreciar con más consciencia lo que tengo, puedo y soy dentro de mi familia. La distancia me ha dado perspectiva sobre muchos momentos vividos. Me ha permitido analizar, reflexionar, apreciar, valorar y ¡respirar! He pensado sobre mi lugar y el lugar que tienen cada uno en mi familia.


¿Y qué fue lo que en mi familia hicimos? Rompimos las reglas. Nos juntamos a celebrar la Navidad por adelantado. Claramente escuchamos que las reuniones deben evitarse porque el índice de contagios del Covid 19 va en aumento. Muchos de nuestros conocidos contrajeron el bicho, algunos sobreviven y tienen su anécdota, otros están luchando por sobrevivir y unos más sólo están en nuestro recuerdo.


Todos tuvimos claramente la advertencia, tanto niños como adultos. Y aún así optamos por la reunión familiar. Teníamos la necesidad de estar juntos y fortalecernos. Nuestro mejor pretexto fue la Navidad. Nuestra causa verdadera fue la salud. Sé que suena contradictorio, pero así es. Era imperativo nutrirnos para agarrar fuerza y seguir.


Con la intención clara de saludarnos (salud-darnos) elegimos la fecha: 12 de diciembre 2020. Varios nos encomendamos a la virgen María de Guadalupe para poner en sus manos a toda la familia y agradecer y pedir. Decidimos cambiar la sede oficial de cada año. No fue la casa de los Abuelitos, fue en un jardín. Parece un cambio simple, pero no.


Yo no sé cómo es en las demás familias, pero en la mía el menú es un tema serio, que lleva su tiempo y que es muy relevante. Cada platillo tiene su momento y un valor particular. El menú se convierte en una ceremonia solemne que exige seriedad. Alrededor de 20 platillos fueron considerados y elegidos, desde la botana hasta el postre, bebidas y complementos. Todos fueron cuidadosamente seleccionados para consentir el paladar pero más el corazón de cada asistente. Si sólo había la oportunidad de una sola reunión donde todos pudiéramos estar, esa reunión tenía que ser muy especial y la comida inicia la huella. Cada bocado debía llevar el sabor suficiente para ser recordado, para provocar "está muy rico" y saber que alguien estaba sonriendo, usando sus sentidos para ayudar al cerebro a guardar las memorias del corazón.


Como acto seguido continuó el show, me refiero a la presentación oficial de los dotes artísticos de los más pequeños. Los miembros de mi familia que ya crecieron saben que presentarse ante nuestra familia forja el carácter. Una vez que haces shows, cantas, bailas, declamas poesía, presentas alguna habilidad o talento, eres maestro de ceremonias o simplemente haces algo frente a mi familia ¡la vida es más fácil! Es que mi familia es un público exigente, que aplaude como foca y al tiempo del aplauso hace retumbar el lugar como manada de elefantes; es un público indomable que habla hasta por los codos. Mi familia también es un público artista, es decir, que mientras aplaude desde su silla también dirige el escenario y sin levantarse de su lugar también está participando en la actuación. Es un público carrilla y al mismo tiempo animador. Pero sobre todo es un público amoroso, que se derrite cuando ve a los más pequeños con su disfraz.

Cada niño artista que presenta su talento en el show se lleva como dotación un kit con: su dosis de carrilla, sus múltiples aplausos, sus porras bien fuertes, su aprobación y su apapacho cariñoso.

Este 12 de diciembre del 2020 "El Show" se presentó. Los niños hicieron su festival navideño. Mostraron a la familia el logro obtenido de todo su esfuerzo por aprender algún tipo de arte desde un modo virtual, a través de cursos en línea desde que comenzó la pandemia. Lo lograron, pasaron la prueba del público molón (latoso) que finalmente les otorgó seguridad y amor en el kit.


La reunión familiar también tuvo todos los detalles muy cuidados. La decoración, el acomodo de mesas, la contratación de personal para que sólo ellos manipularan los utensilios para servir los platos y las bebidas, los botecitos de gel por todos lados, la exigencia de ponerse el cubrebocas, el vaporizador con sanitizante, el contacto con el codo, el abrazo volteando la cara, la nulidad de los besos.


Una reunión muy diferente a todas las vividas en otros años. Esta vez no hubo misa previa que nos uniera en la oración. Sin embargo, sí hubo un momento muy sencillo pero profundo para dar gracias porque estamos todos, para pedir por el que faltó (no estaba muerto, andaba de trabajo; se le extrañó mucho), para honrar al que siempre nos une: el Amor de Cristo. Así pues fue la oración. Unas palabras de la Abuelita, un padrenuestro, un ave maría. Y una sensación cálida que se queda muy dentro y que te dice ¡ánimo, todo va a estar bien!


En esta ocasión muchos rehuimos al llanto, y no levantamos la mano para brindar y ofrecer los tradicionales discursos que expresan nuestros sentimientos y que con frecuencia nos sacan unas lagrimitas. Sólo uno alzó la mano y habló por todos. Fue el que se va a casar y a empezar la nueva cepa familiar. Solo él fue valiente para hablar con el corazón, cautivarnos con su guapura, sonreír tan hermosamente e invitarnos a continuar, a seguir siendo una familia "chida", que se reúne, que celebra la vida.


Escuchamos canciones y videos que nos trajeron lindos recuerdos, tomamos fotos y repetimos poses de una fotografía vieja.


Hubo regalitos, detalles generales, pero el mejor de todos fue mirarnos en vivo y a todo color.


Fue doloroso vivir la tensión para preparar esta convivencia, hubo estrés y mucho. También fue muy doloroso que se acabara tan pronto. No nos quedamos hasta la madrugada, salimos temprano. Esta vez no aprovechamos tres o cuatro veces la loza rentada y sillas iguales para todos, ahora sólo se usaron una vez y por unas cuantas horas. Se sintió dolor al despedirnos, las ganas querían seguir y seguir y seguir, pero no. Tuvimos que decirnos hasta pronto. Y la verdad, "la neta", solo una se animó a estallar en el llanto que conmueve, que libera, que perdona, que también purifica. Gracias.


Hay ganas de muchas reuniones más, de abrazarnos largo rato sin soltarnos, de darnos besos, de hacernos reír. Asumimos la responsabilidad de nuestros actos. Usamos la prudencia. Tuvimos que cortar.


Nos quedamos nutridos, fortalecidos. Mi prole, mi clan, mi familia respiró amor. Estamos listos para continuar, para seguir con la paciencia. ¡Feliz Navidad!








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