¿Soy feliz?



Pregunta que me hago y de la cual encontré una reflexión que me brindó paz y te la comparto. Es un fragmento del artículo "Sentido de la vida y felicidad" de Ronald Rolheiser. Y dice:


"¿Soy feliz? Mi vida, ¿es una vida feliz? ¿Soy feliz en mi matrimonio? ¿Me siento feliz con mi familia, en mi trabajo, con mi iglesia? ¿Dentro de mi propio pellejo, me siento feliz?


¿Son éstas acaso buenas preguntas para cuestionarnos? No. Son preguntas con las que nos torturamos a nosotros mismos. Cuando confrontamos nuestras vidas con honestidad es más probable que este tipo de preguntas sobre la felicidad nos traiga lágrimas a nuestros ojos, más que solaz a nuestras almas, porque, por muy bien que marchen nuestras vidas, ninguno de nosotros nos sentimos perfectamente realizados. Siempre hay sueños irrealizados. Siempre hay áreas de frustración. Siempre hay tensiones. Siempre hay hambres más profundas que hay que calmar. Y, como dice Karl Rahner tan patéticamente, siempre estamos sufriendo la angustia de la insuficiencia de todo lo que es alcanzable, mientras vamos aprendiendo que aquí en esta vida no hay sinfonía acabada. Siempre vivimos nuestra vida calladamente a la desesperada. Muchísimas veces no es fácil sentirse feliz.


Pero nos estamos formulando las preguntas incorrectas. La pregunta no habría de ser: ¿Soy feliz? Más bien las preguntas habrían de ser: ¿Es mi vida relevante? ¿Tiene sentido mi vida? Mi matrimonio, ¿tiene sentido? ¿Hay sentido en mi familia? ¿Encuentro sentido a mi trabajo? ¿Hay sentido al interior de mi iglesia? Necesitamos preguntarnos las cuestiones profundas sobre nuestra vida, con respecto al sentido más que con respecto a la felicidad, porque, por lo general, tenemos un concepto falso, demasiado idealizado y poco realista de la felicidad.


Solemos equiparar la felicidad con dos cosas, placer y falta de tensión. De ahí que fantaseemos pensando que para ser felices necesitaríamos estar en una situación en la que nos sintiéramos libres de todas las tensiones que normalmente llegan en avalancha a nuestras vidas, como: presión, cansancio, fricciones interpersonales, dolor físico, problemas económicos, desilusión en nuestro trabajo, frustración con nuestras iglesias, decepción con los equipos de nuestros deportes favoritos, y cualquier otro quebradero de cabeza y angustia que puedan aparecer. Felicidad, tal como se la concibe superficialmente, quiere decir salud perfecta, relaciones perfectamente realizadas, puesto de trabajo perfecto, nada de tensión ni de ansiedad en la vida, nada de decepciones; y tiempo y dinero para disfrutar de la buena vida. Pero no es eso lo que constituye la felicidad. Lo que constituye la felicidad es el sentido que damos a la vida;"


Entonces, pienso en lo que da sentido a que haga ejercicio y coma frutas y verduras; pienso en el sentido que tiene reír, pasear, platicar, jugar, educar a mis crías; reflexiono en el sentido que tiene estar escribiendo, entrevistando, comunicando en Bitácora 52; y así sigo pensando en el sentido de cada cosa que hago: preparar la comida, seducir a mi marido, hacer oración, lavar la ropa, maquillarme, tomar mezcal con mis amigas, llamar por teléfono a la familia.


Y agradezco ¡que le encuentro sentido! Y me descubro feliz.


Gracias por leer. Dime ¿qué sentido tiene tu vida?


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