Un instante de silencio abre la puerta al futuro.


Miércoles 6.

Hoy, mientras me preparaba para ir con mis crías al Forum Cultural Guanajuato, tuve un ratito breve de silencio. Los trastes y la cocina estaban limpios. Las camas tendidas, las recámaras ordenadas. El perro tenía comida y la ropa lavada estaba doblada. Silencio.


Había silencio. Momento, instante en el que me transporté al futuro. Pensé en el momento en que eso será la constante. El orden, la limpieza, el silencio y el tiempo. Me fui quedando en el tiempo. En esos minutos que mi mente los tomó como si fueran horas, días, años, la palabra era tiempo. Sólo pensaba en el tiempo, ¿qué se hace cuando tienes tiempo?


Mi lógica inmediatamente dictó: aprovecharlo. ¿Y cómo se aprovecha el tiempo? Sabes que está ahí ¿y con qué se come o con qué se agarra? Hay tiempo, pero ¿para qué chingaos sirve el tiempo?


Respiré y luego contuve la respiración y la fui soltando poco a poco, dándome cuenta de que estaba en un instante donde tenía tiempo ¡y no sabía qué hacer con él! Volví a respirar más hondo y mi mente me llevó a otro pensamiento: proyecto.


¿Qué proyecto tengo en mi vida? ¿Qué hay en mis actividades para agarrar el tiempo, aprovecharlo? Hoy soy madre de crías que viven su infancia, su adolescencia, dependen de la organización que yo dirijo en las actividades diarias para cubrir las academias, clases, reuniones, paseos, en otras palabras, su formación social y académica. Antes, cuando eran bebés, todo el hacer y quehacer giraba alrededor de sus necesidades básicas: comer, dormir, descomer, bañar, jugar. Las rutinas ordenaban la vida diaria.


En el futuro, las crías serán jóvenes que ordenaran sus propias agendas, solicitaran los medios para moverse y elegirán el que más les convenga. No dependerán del calendario y el horario que yo pueda establecer. Las crías elegirán su quehacer según su madurez. Y así seguirán avanzando, madurando, manejando su propio tiempo. ¿Y qué será del mío? ¿Qué haré con mi tiempo?


Opciones hay. Quizá exista el club “Coma harto pan y beba café”. Quizá ahí ocupe mi tiempo…


El silencio terminó cuando sonó el timbre y una voz gritó “¡Ya llegaron Ximena y Diego! ¡Vámonos!” Y así el tiempo que siguió lo aproveché leyendo en la biblioteca infantil, en la apreciación del arte, en correr entre los árboles y en comer harta pizza y papas a la francesa.


Tan tan. Gracias por leer.

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